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ARTÍCULO

Nueva sociedad,  viejas desigualdades

Por Mariano Puigvert

Publicado: 20/09/2022

—Hijo, vamos saliendo a casa de tu tía, ¿ya estás listo?

—Me acaban de poner una reunión en el trabajo, mamá…

—¿Y tienes que ir? ¿Pero cómo es eso que tienes una reunión si sabías que íbamos a casa de tu tía?

—Es una reunión en línea, mamá… es de último minuto.

—¿En línea? ¿cómo es eso? ¿pero tardas mucho?

Un joven freelancer en 2017

¿Se acuerdan cómo era la vida antes? Salíamos temprano, llegábamos al trabajo, nos abrazábamos sin miedo, íbamos al cine, al teatro y un cafecito con alguien nunca faltaba. Todo cambió con la pandemia. El brote global de covid-19 nos hizo acostumbrarnos a trabajar, estudiar, comprar, pagar o disfrutar vía online. Según datos de Statista, Netflix empezó 2020 con 167 millones de usuarios y terminó el año con más de 203 millones. Empresas como Google y Zoom vieron incrementar el precio de sus acciones y las grandes e-commerce como Mercado Libre y Amazon rompieron récords de ventas. A eso se suma que según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alrededor de 260 millones de personas en el mundo laboran desde sus domicilios, la mayoría usando  herramientas digitales.

Latinoamérica es una de las regiones que tiene mayor concentración de personas trabajando de forma remota, de acuerdo con investigaciones de la OIT. Y este es un fenómeno que precede a la pandemia de covid-19. Antes de la aparición del nuevo coronavirus, países como Venezuela, Colombia, Chile y Argentina ya albergaban sólidas comunidades de freelancers compuestas por diseñadores, community managers, redactores, editores de video, project managers  y hasta asesores que operaban a través de la Internet, desde sus casas. La pandemia llegó para transformar la realidad de un nicho en la realidad dominante…“mas no en la de todos”.

Conectados pero desiguales

—Estás en mute…¿Hola? ¿Estás ahí?

Algún usuario de Zoom en Venezuela, 2020

En una región tan desigual como Latinoamérica, el acceso a Internet es un factor que limita a las personas a la hora de buscar oportunidades de trabajo remoto. Las más lucrativas demandan ciertas habilidades, equipos propios y una buena banda ancha para navegar. En Venezuela, por ejemplo, es difícil reunir tales condiciones. Fue esto lo que disparó las alarmas de las casas de estudio del país cuando el gobierno de Nicolás Maduro dijo: “No se preocupen, vamos a mantener los servicios educativos vía online y con teleclases”. Estudiantes sin internet y sin equipos. Profesores sin conectividad y ganando sueldos que les impedían  sufragar millones y millones de bolívares en megas. Ambos grupos son parte del 34,5% de personas que no tienen conexión a internet en Venezuela, según el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (2020). O quizás algunos son parte de ese privilegiado 65,5% restante. De estos últimos, sin embargo, la mitad recibe un flujo de banda precario, de acuerdo con la misma fuente.

La educación virtual llegó para quedarse o por lo menos así lo afirman cada vez más académicos y centros de investigación. El doctor Manuel Área, de la Universidad de la Laguna (España), lo explica: “Los que nos dedicamos a esto no tratamos de dejar la enseñanza presencial para que todo sea online. No se trata de eso. Queremos la convivencia entre las dos y que no tengamos a un estudiante cuatro o cinco horas diarias sentado frente a un profesor, viendo y oyendo cómo dicta las clases”. Es un momento que obliga a repensar el quehacer educativo que algunas instituciones universitarias han empezado a abordar en Venezuela, mientras que otras han quedado excluidas de intentarlo porque carecen de recursos para ello.

¿Que la educación virtual no acabará luego de la pandemia? ¡Por supuesto que no!  Lo que parece evidente es que será tan mainstream como materialmente le sea posible a cada quien. En Venezuela sería necesario que garantizar el acceso a la Internet se convierta en prioridad pública, cosa que de momento no parece ser así: la empresa estatal CANTV más bien anunció un aumento de sus tarifas que descolocó a muchos (si prestamos atención a cómo algunos reaccionaron en Twitter, desde luego). Aunque existen servicios de internet privados, son muy costosos o de escasa calidad (sorprendemente hay los que reúnen ambas características). A los privados han tenido que recurrir muchos que trabajan de manera  remota, puesto que con todo el país confinado en casa y navegando en Internet, la exigencia a la que quedó sometido el sistema nacional de telecomunicaciones fue notoria y la lentitud de la navegación fue su consecuencia. Esto redimensiona el trabajo del freelancer y el concepto general de oficina  virtual: ahora hay más costos reales que asumir si se quiere trabajar desde casa.

Aumentos, aumentos y más aumentos

Estos panas no saben sino subir y subir esos precios, c**o.

#ElInternetEsMiDerecho @CONATEL ¡hagan algo!

Un usuario cualquiera, canalizando su rabia en Twitter, 2021

(Énfasis en lo de cualquiera: no te sientas aludido si fuiste tú).

Ahora que entramos en el tema costos, hablemos de los megas. Sí, los fulanos “megas”,  esa palabrita que usamos a la ligera para referirnos a los datos móviles. De acuerdo con  el Observatorio de Servicios Públicos, la penetración de teléfonos inteligentes en el país es de 73%. Un estudio de esta organización, desarrollado en 2019, encontró que  la mitad de los consultados tenía una percepción negativa del servicio que prestan las telefonías. Aun así, Tendencias Digitales (2020) asegura que los datos móviles son la forma primaria de conexión de al menos 30% de los venezolanos. De ahí que cuando cualquiera de las tres empresas que ofrecen este servicio (Movistar, Movilnet y Digitel) suben las tarifas, siempre son Trending Topic en Twitter: personas enviándole sus saludos más cordiales a sus progenitoras (sí, las de las empresas, esas mismas). Esta es una situación que ha ocurrido por lo menos seis veces con Digitel y Movistar desde que inició la pandemia.

Adicionalmente y al igual que nosotros los usuarios, no todos los “megas” son iguales. Existe el LTE (4G), que permite una transmisión de datos de alta velocidad. Solo Digitel y Movistar ofrecen servicios para este tipo de conexión y del total de suscripciones de teléfonos inteligentes en Venezuela, solo 10% tiene servicios LTE, pues este se reserva para dispositivos que admitan esa tecnología. Significa que poco más de 3 millones de personas son las únicas que pueden navegar en 4G usando datos móviles en Venezuela. Esto es desolador si se toma  en cuenta que muchos países han avanzado en la implementación del 5G y que el 4G es la banda de navegación dominante en la mayor parte del mundo occidental.

Así estamos: sin  recursos para pagar millones de bolívares al mes en datos  móviles, sin un servicio de Internet estable, sin PC y/o teléfono inteligente; sin estos insumos no se puede trabajar vía remota, ni estudiar en línea. Mientras las Naciones Unidas y numerosas ONG se están refiriendo al acceso a Internet como un derecho humano, en Venezuela  no sólo nos llevamos al entorno virtual nuestro trabajo, nuestro ocio y nuestras clases, sino también nuestras desigualdades.

Further Reading

Resultados de Estudios de Percepción sobre Servicios  Públicos. Puedes consultarlo aquí.

Cantidad de suscriptores de Netflix entre 2013 y 2021. Puedes consultarlo aquí.

Venezuela: Internet al Mínimo. Puedes consultarlo aquí. 

¿Por qué Internet es tan lento en Venezuela? Puedes consultarlo aquí.